Vestir de flamenca a la Reina Máxima de Holanda y sus hijas Amalia, Alexia y Arianne ha sido como vivir un cuento de hadas.

 

Envuelta en el trajín propio de los días previos a la Feria de Sevilla, apenas me percaté de la importancia de las personas que en ese momento estaban echando un vistazo en mi tienda.

Miraban, preguntaban precios, compraron alguna cosa. Hasta que un sexto sentido me movió a acercarme personalmente a una de ellas, muy elegante, que me preguntó si podríamos hacer unos trajes de gitana para una hija suya y unas amigas que viven fuera de España y no podían venir a probarse. Son muy altas y tendría que ser a medida. Le contesté que sin problema, sólo necesitamos que alguien tome muy bien las medidas necesarias. Entonces se acercó a mi mesa, me apuntó un correo electrónico y unos nombres diciéndome que se pondrían en contacto conmigo y yo le di mi correo y mi número de móvil, lo normal en estos casos. Me despedí de ella pensando ¡Ojalá salgan aunque vamos ajustadas de tiempo! Y seguí con mis cosas.

No habían pasado cinco minutos cuando me sonó el teléfono. Era ella de nuevo. Me comentó que necesitaba contar con mi absoluta discreción porque tendría que vestir a Su Alteza Real Máxima de Holanda y a sus tres hijas que venían a la Feria de Sevilla. ¡Por poco me muero! ¡Imaginaros! Yo le contesté que podían confiar en mí y que lo haría encantada. No daba crédito a lo que me estaba pasando, pero me gustó verme tan segura y sin miedo. En ese instante sólo sentía orgullo y responsabilidad.

La elegante señora quedó en que un intermediario se pondría en contacto conmigo para ver cómo proceder. Pasé la noche inquieta por la emoción y la incertidumbre y a las nueve de la mañana sonó mi teléfono, no me dio tiempo a contestar. Vi que era un número muy largo y al principio pensé que podría ser una telefonía o algo parecido hasta que me di cuenta de que podría ser “el intermediario”. Llamé, no me contestan, vuelve a sonar… Al descolgar una voz femenina me habla. Se me aflojaron las piernas, me senté al borde de mi cama y digo: ¿Me puede repetir por favor quién es? ¡No me lo creía!  ¡Era la propia Reina Máxima!

Me comentó que tenía mucho interés en hacer esto personalmente.

Fue muy bonito saber que había sido mi firma Fabiola 1987 la elegida para vestir a tan bellísima Reina y a sus hijas, pero mejor fue el trato que recibí de ella en todo momento. Siempre amable y respetuosa pero también espontánea y simpática. Me pidió consejo y le conté que lo mejor era proceder como con mis clientas habituales y partir de las fotografías y el vídeo del desfile de la colección 2019 de mi firma Fabiola 1987. Me contó que ya la conocía y yo le envié fotografías de los modelos que me parecían más apropiados para que ellas eligieran. Envié fotos de mis sobrinas, que son niñas como las princesas y todo discurrió fácil, muy fácil. Les envié fotos de cómo debían peinarse, colocarse el mantón, las flores, los abalorios…

Me tranquilizó saber que la Reina tiene en Palacio una magnífica modista para solventar cualquier problema que surgiera. Su Majestad deseaba que le enviáramos los trajes ya terminados, sin habérselos probado. ¡Es muy difícil acertar a la perfección dado lo ajustados al cuerpo que van! Me ofrecí para tomar un avión si fuera necesario, pero no hizo falta. Las medidas fueron tomadas muy correctamente y yo procuré revisar los trajes detenidamente antes de enviarlos. La Reina me dijo: “Los trajes están soberbios”, “ha hecho usted un magnífico trabajo”. Me sentí feliz, feliz y mucho más tranquila. Habíamos hecho un gran esfuerzo de última hora y ya podíamos dormir más tranquilas.

Un bonito detalle que no he contado a nadie. Las medidas de La Reina Máxima no llegaron a mi poder hasta que los trajes de sus hijas salían, terminados, camino de Holanda. Siempre se colocó en último lugar. No quería eclipsar a sus hijas en ningún momento ¡Una verdadera madraza!

Hasta que no las vi en La Feria, tan guapas, no me creí del todo la maravilla que me había ocurrido. Saludarlas y verlas felices fue para mí el mayor regalo. Sus cariñosas palabras de agradecimiento me emocionaron.

Para mí ha sido un verdadero cuento de Hadas. Esto sólo ha sido posible por el estupendo equipo de personas que tengo en mi tienda y en mi taller, que cosen como los ángeles ¡Gracias Dios mío por todo! Y gracias a todas las personas que os habéis alegrado con nosotros y nos habéis felicitado con palabras tan cariñosas en Facebook, Instagram, whatsapp, de palabra, por teléfono…

¡Me siento honradísima y muy, muy agradecida!